Andalucía en el Flamenco, el Flamenco en Andalucía

por Carlos Ríos · febrero 13, 2017

El pasado mes de diciembre las compañeras del  Centro Andaluz del Pueblo J.Félix Rivera me invitaron a realizar una charla a propósito de la relación entre el Flamenco y la identidad nacional andaluza. Reproduzco aquí lo que les expuse agradeciendo (de paso) dicha invitación.

Decía Ricardo Molina: “geográfica y genéticamente hablando, el Cante es un fenómeno estrictamente andaluz”. Pero esta reflexión del flamencólogo y estrecho colaborador de Antonio Mairena me parece que se queda corta, tan sólo en la superficie, de la profunda dimensión nacional y popular andaluza del Flamenco.

Para las grandes compañías discográficas, para el mercado musical mundializado de principios del siglo XXI, el Flamenco aparece encuadrado dentro de esa categoría que llaman world music, música étnica. Perdido en un marasmo de melodías y tradiciones musicales bien diferentes, el Flamenco se constituye como un género más dentro de esa amplia categoría. Un nuevo nicho de ventas para las transnacionales, que hacen un ejercicio de abstracción del contexto en el que el Flamenco nace y se desarrolla.

Para el nacionalismo hegemónico (el nacionalismo de Estado) el Flamenco es un recurso al cual recurrir distorsionándolo, desvirtuándolo en lo que algunos han llamado el nacional-flamenquismo. Una expresión de masas del españolismo que, especialmente en el franquismo pero también antes y por supuesto después, ha utilizado en un intento de cohesionar las distintas naciones que el Estado ocupa. Así si tuviéramos que preguntarle al visitante ocasional, o al conocedor poco avezado, cuál es la música más típicamente española, nos encontramos con que, para la gran mayoría de los encuestados, la respuesta es el Flamenco. Una respuesta que es una constante repetida desde las visitas de los viajeros románticos a la península Ibérica en el siglo XIX: la identificación de lo andaluz con lo genuinamente español. Incluso dentro de las fronteras del Estado español encontraríamos, ante la misma pregunta, resultados similares.
Ante esta cuestión se nos plantean una serie de preguntas. ¿Es acaso el Flamenco una música desligada de cualquier matriz territorial y cultural, tal como la presentan las multinacionales de la música? ¿Por qué se la considera la música más típicamente española, a pesar de que no se da como expresión enraizada en todos los territorios y de que, como hemos visto, cada cual tiene la suya? ¿Por qué en el conjunto de culturas, lenguas y sociedades que conforman el Estado español aparece en el imaginario colectivo el Flamenco, o algún género aflamencado —como podría ser el caso de las sevillanas— como la música representativa de lo español?

Lo que voy a plantear en esta exposición es que el Flamenco es más que una música, es una expresión cultural completa, es la expresión global de un pueblo. El Flamenco se constituye en todo su trasiego histórico, desde las zambras andalusíes de la Edad Media hasta la actualidad, pasando por su cristalización como tal género a finales del siglo XVIII, en un marcador fundamental de la identidad andaluza. Marcador que, como expresión viva, cantada, de las clases populares andaluzas, se constituye como mucho más que una expresión estrictamente musical, para sintetizar todo su devenir histórico, político y social. Y como tal también voy a hablar del Flamenco como quejío y protesta del Pueblo Trabajador Andaluz. Una perspectiva que (incluso para algunos flamencólogos que han escrito sobre este lado crítico tan oculto del Flamenco) las mas de las veces es olvidada abstrayendo la expresión flamenca de la matriz que le da forma y contenido.

Andalucía en el Flamenco

La modalidad lingüística andaluza está considerada, desde un punto de vista diacrónico, genético, como un dialecto del castellano. Una evolución del castellano que, por diversas causas históricas y geográficas, ha adquirido características propias, al igual que ocurre con otras modalidades lingüísticas del mismo, como las modalidades del castellano del continente americano. Estas últimas, fuertemente influenciadas, como ya ha sido demostrado por los investigadores, por la modalidad lingüística andaluza. Pues bien el Cante Flamenco se ajusta a las características fonético-fonológicas de la pronunciación andaluza, siguiendo también la morfosintaxis de la modalidad lingüística andaluza. Y, en cuanto al léxico, los estudios muestran cómo en torno a dos tercios del léxico específico es léxico propio de la modalidad lingüística andaluza.

Si nos fijamos en la principal minoría del país andaluz, los gitanos andaluces. Lo gitano-andaluz ha tenido un papel protagonista en el Flamenco, aun siendo el 4% de nuestra población, y aun habiendo formado parte de los sectores más excluidos y desfavorecidos de ésta y precisamente por ello. No es de extrañar que las aportaciones lingüísticas de los gitanos al lenguaje flamenco sean de importancia. Según los estudios de Ropero Núñez, un tercio del léxico específico flamenco se corresponde con el caló. Muchas coplas recogen abundante léxico caló y algunas de las casuísticas que como minoría oprimida le sucedían de forma cotidiana:

Loh heréh pó lah ehkinah,
con beloneh i faró,
en bó arta ze dezían:
Mararlo k´eh kalorró

Para abordar el Flamenco como expresión andaluza global hemos de superar el estudio puramente musicológico. Obedeciendo a su carácter popular, el Flamenco ha estado siempre ligado al mundo del trabajo en Andalucía y, más concretamente, a los oficios de las clases populares andaluzas y, en muchos casos, como no podía ser de otra manera, a ramas de actividad característicamente gitanas, como la herrería.

Así, existe toda una seria de cantes concebidos en o para los espacios de trabajo, cuyo ritmo de actividad marca la cadencia y el compás, y todo un legado de letras cuya principal temática son las condiciones de trabajo. A su vez, es abundante el rastro del oficio en los nombres artísticos de muchos de los más célebres cantaores flamencos. Y es que el Flamenco ha sido muchas veces pasarela del campo, la mina o el taller hacia el tablao. Los casos de Rojo “El Alpargatero”, “El Turronero” o “El Cabrero” son ejemplos de cantaores célebres a los que buena parte de los aficionados conocen únicamente por el nombre de su anterior profesión.

Entre los cantes ligados a las faenas agrícolas, conocidos como cantes camperos, encontramos estilos como las trilleras, temporeras, los cantes de siega, las gañaneras o los fandangos de lagares. Las trilleras, que toman este nombre de la trilla, una faena del campo hoy ya prácticamente desaparecida, mencionan en sus letras desde el calor estival, pues era en el estío cuando se realizaba esta faena, hasta el instrumental utilizado para la misma. Su compás responde al ritmo del trillo sobre la era. Sirva como ejemplo este cante grabado en 1999 por Miguel Burgos El Cele:

Trabaho de zó a zó,
Trabaho de zó a zó,
Lah gananziah zon pal amo,
Pa mí zolo eh er zuó.

También los pescadores desarrollaron su propio cante, los jabegotes. Los jabegotes, variedad del fandango, es un cante típico del litoral malagueño y debe su nombre a que lo cantaban los pescadores mientras fabricaban o reparaban sus redes sentados en la arena, bajo su jábega varada. En las letras de estos cantes, aun cuando no hacen referencia expresa al trabajo, se hace siempre
manifiesta la presencia constante del mar, proporcionador del alimento:
Ehtando la má en karma
ze me moharon lah belah
i fue de lah purah lágrimah
ke yo derramé por eya.

El martinete es por excelencia ejemplo de un cante ligado a un espacio de trabajo. Este estilo, que se inició en las herrerías, es la derivación fragüera de las tonás: se interpreta “a palo seco”, esto es, sin acompañamiento de guitarra, y su compás sigue los golpes del martillo en el yunque y mantiene los silencios propios de un trabajo agotador. De ahí la denominación de “martinete”, en referencia al martillo, herramienta básica para los herreros.

Para terminar, mención especial merecen los cantes de las minas, por ser sin duda aquellos donde se ve más claramente la relación entre un estilo y una rama laboral. Conocemos una serie de estilos como las cartageneras, tarantas, levanticas o las mineras, cuyo nacimiento y expansión vienen dados por una situación socioeconómica muy concreta que abordaremos más adelante. En los cantes mineros, están dolorosamente presentes las vivencias trágicas del minero y sus duras condiciones de trabajo. Las letras mineras recogen, junto con menciones a las herramientas típicas de esta labor, el miedo de los mineros a los desprendimientos, a la muerte e incluso la lucha de clases, en unas coplas estremecedoras.

¡Mare ke fataliá!
Lah minah z´an lebantao
por kuehtioneh de hohná
ya la tropa ehta kargando
a bayoneta kalá

En algunas de ellas se expresa una comprensión nítida del papel del minero en esta actividad económica, expresando así un nivel de protesta mucho más explícita que en la mayoría de los cantes:

No kiero zeh barrenero,

yo ar pozo no abaho mah,

no kiero zeh barrenero,

z’a muerto otro kompañero,

uele a zangre mi hohná

i azí no kiero er dinero.

El Flamenco es también toda una representación sociológica de Andalucía. En los cantes relacionados con las faenas del campo son frecuentes las referencias al “cumplir”, esto es, a realizar con eficiencia el trabajo, lo que constituye un elemento de la cultura del trabajo de jornaleros y pequeños propietarios andaluces, interiorizando así una idea claramente burguesa:
Ze debe ganá er pan
kon er zuó de la frente.
La bía ehtá ekiboká,
porke zé de muxa hente
ke biben de loh demah.

Y también se critica, de forma más o menos velada, a aquellos que no lo hacen:

A kohé l’azeituna

m’an konbiao:

ke la koha zu dueño

k’ehtá parao.

O que impiden que los demás puedan hacerlo:

Bergüenza debe de darte
ziendo patrón d’ehtah tierrah
k’ehte tan arta la yerba
i er pueblo muerto de hambre.

Sin olvidar la frustración de aquel que sale todas las mañanas a ganarse el pan con la incertidumbre de saber si llevará a su casa el jornal o no:

Er dia k’aguardan ganaziah

zon kaudaleh reoblaoh

ehtoi tan exo a perdé

ke kuando gano m’enfao

Y en una Andalucía como la nuestra con fuertes desigualdades protegidas por el poder ejecutivo y el judicial estos también serán blanco de las coplas, como estas que cantaba el sevillano Bizco Amate:

Me lo cogen y me lo prenden,

al que roba pa sus niños,

me lo cogen, me lo prenden.

Y al que roba muchos miles,

no lo encuentran ni los duendes,

ni tampoco los civiles.

Que de que me mantenía,

un juez a mi me preguntó,

que de que me mantenía,

y yo le dije: robando,

como se mantiene Usia,

pero yo no robo tanto.

Y con la denuncia de la desigualdad también se expresa una aprobación por aquellos que, en el imaginario colectivo, viven enfrentándose a esta en una lucha desigual. Son los bandoleros:

Poh la Zierra Morena

Ba una partia

Ar kapitan lo yaman

Hoze Maria

Ke no va prezo!

Mientrah zu haka torda

tenga pehkuezo

El fuerte peso que se le da a la identidad local en la identidad andaluza tiene también una expresión clara en el Flamenco. Esto se pone de manifiesto, por ejemplo, en los nombres dados a los festivales flamencos, que se corresponden casi siempre con elementos propios de las localidades donde se celebran —Fiesta de la Bulería en Jerez, Potaje Gitano en Utrera…— o en la constante de premiar la ejecución de determinado cante, el propio. Éste es un fenómeno que se refleja asimismo en el cante, a través de interpretaciones particulares, que han hecho que un cante tenga decenas de variantes en función de la comarca o pueblo de la que es originario, como ocurre con el fandango, especialmente en la provincia de Huelva. Por su parte, entre los cantaores y cantaoras es común el uso del gentilicio en el nombre profesional —Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera, El Lebrijano…—, o las referencias localistas y la elección de estilos autóctonos en los recitales, como forma de ganarse el favor del público. Los cantes por granaínas, con la referencia constante a la Virgen de las Angustias o al flamenco barrio del Albaycín; las alegrías, con constantes referencias a la bahía de Cádiz…

Y junto a esta el recuerdo de aquello seres queridos y/o paisamos que por circunstancias económicas tuvieron que exiliarse de su país:

Andalú ke biben lehoh

de la tierra en ke nazíte

no zufrah ni ehteh tan trihte

porke de zobra zabemoh

ke por el ambre te fuihte

El Flamenco en Andalucía

El Flamenco es un hecho cultural inexplicable fuera de los límites de Andalucía, de su realidad histórica, social, económica y cultural de, al menos, los dos últimos siglos. Todo lo cual no excluye, sin embargo, el hecho de que hoy se desarrolle con gran esplendor en otros lugares del mundo.

Precisamente por ello de unos años a esta parte, ligadas al fenómeno de la emigración andaluza, han aparecido otras “geografías flamencas” fuera de los límites de la Comunidad Autónoma Andaluza, que no pueden obviarse, aunque éstas últimas no hubieran existido sin la primera y originaria. Allí donde hay pueblo andaluz se manifiesta el Flamenco. Su geografía coincide con la de los andaluces que en Andalucía o fuera de ella han vivido.

El Cante recoge este ir y venir del pueblo andaluz. Tenemos por ejemplo los cantes enmarcados dentro de los Cantes de Ida y Vuelta, como guajiras y milongas, o la rumba, que tanta expansión ha tenido en otro destino de la emigración andaluza, Cataluña. Se conoce como Cantes de Ida y Vuelta a los cantes que trajeron consigo, a su vuelta, todos aquellos andaluces que se marcharon a “hacer las Américas”. Pero, ¿por qué de Ida y Vuelta? Por ser ritmos de origen andaluz que, al haber viajado a las Américas junto con la gran cantidad de andaluces que fueron allá a probar suerte desde el siglo XVI al XIX, habría entrado en contacto con las músicas locales y se habrían visto influenciados por éstas, para volver ya modificados, convertidos en un cante totalmente diferente. De ahí lo de “Ida y Vuelta”.

Mira, tu m’ehtah matando

zerrano yo no pueo mah

zerrano yo me boi kontigo

onde tu me kierah yebá

Por otro lado hemos de remarcar hasta qué punto el Flamenco ha jugado un papel primordial para todos aquellos andaluces y andaluzas a quienes la falta de trabajo y la miseria obligaron a seguir los caminos de la emigración en épocas recientes. Lejos de la tierra de origen, inmersos en una cultura extraña, el Flamenco se configura como seña de identidad incluso para quienes, antes de dejar su tierra, no se interesaban por él. A través del Flamenco, estos emigrantes intentaron, e intentan aún hoy día, preservar su identidad.

El primero de estos territorios flamencos extra-andaluces es Murcia. El origen de esta presencia flamenca en tierras murcianas se debe a los yacimientos mineros de la Sierra de Cartagena. El auge minero que experimentó el levante andaluz en la segunda mitad del siglo XIX propició el desplazamiento de miles de andaluces a esta zona, deseosos de encontrar trabajo y mejorar su situación, pero al dejar de ser rentables las cuencas mineras almerienses, como antes las de Linares, los mineros emprendieron nuevos caminos migratorios que les llevaron a los redescubiertos yacimientos de la Sierra de Cartagena. La ola migratoria fue tan importante que pronto la población originaria de esta zona minera quedaría sumergida por la población andaluza, en una proporción de uno a ocho, según los estudios de Gil Olcina. Este impacto dejaría una impronta profunda tanto en la lengua como en el folklore de la comarca, comenzando entonces con la tradición flamenca murciana, tradición que se mantiene hasta hoy y que ha dado lugar al más importante Festival de Flamenco del planeta: el Festival de La Unión.

El caso de Cataluña se explica por la nutrida corriente migratoria que desde Andalucía se dirigió a Cataluña en la segunda mitad del siglo XX. Cataluña, no sin razón, ha sido considerada desde los años 70 del siglo XX como la «novena provincia andaluza». En ella viven a día de hoy algo menos de 800.000 andaluces. El papel del territorio catalán como principal área industrial del Estado español, y su necesidad de mano de obra en los años 60 y 70, hizo que miles de andaluces emigraran hacia Barcelona y su cinturón industrial, asentándose muchos de ellos de forma permanente aún hoy, ante la situación de una Andalucía que no ofrecía una oportunidad para cuantos continúan viviendo en la diáspora.

Por último, cabe señalar la importancia de otro foco que, fuera de los territorios andaluces, ha aportado mucho al Flamenco. Nos referimos a Extremadura. En efecto, el sur de la Comunidad Autónoma de Extremadura y la parte más occidental de Andalucía han gozado históricamente de una influencia mutua. En Extremadura, el trasiego económico y poblacional con las comarcas andaluzas limítrofes ha dado lugar a algunas formas autóctonas o variantes de cantes, como los jaleos de Badajoz o los tangos extremeños.

En el Flamenco se refleja todo el proceso que ha dado lugar a Andalucía como una formación social específica. La presencia de la escala o cadencia andaluza está directamente asociada a la música tradicional árabe, lo cual nos remite directamente al periodo andalusí de nuestra historia. El origen andalusí de la zambra o de los tangos (que tradicionalmente se habían considerado un cante de ida y vuelta), tal y como señala Miguel Ángel González. Además, en el ámbito de los tangos, encuentra en los de Graná ciertos matices musicales de carácter orientalizante que asocia a la conquista mucho más tardía del reino de Granada.

Se manifiesta también el fuerte carácter desigual que tiene la estructura social andaluza. Un elemento que tiene sus primeros ingredientes en el reparto de la Andalucía conquistada en el medievo entre nobleza y órdenes religiosas, al que se añaden los procesos económicos vividos en nuestra tierra durante la Edad Moderna, conformando así una Andalucía fuertemente polarizada en lo social entre poseedores y no poseedores de la tierra(burguesía/nobleza y jornaleros) como bien refleja esta letra:

Bereíta de loh oliboh,

ke probeh bienen i probeh ban,

trabahando tierra ahena

por un mízero hohná.

Y con esta desigualdad tan categórica aparece el cuestionamiento de la propiedad de la tierra así como el drama de aquél que está al borde perder los escasos medios de producción fruto de las dinámicas naturales del capitalismo a la concentración de la riqueza:

I me la kieren kitá,

la tierra me dio la bía

i me la kieren kitá.

Yo ze ke yegara er día

ke no puea aguantá mah

i eya gane la porfía.

En este sentido, un referente común de la clase trabajadora andaluza ha sido la legitimación de la propiedad de la tierra por el trabajo, y no por los títulos de propiedad. Hecho que se verá reflejado en las coplas flamencas:

A ké tanto yobé,
zi a mí me duelen lah manoh
de zembrá i no arrekohé.

Episodios históricos concretos también son plasmados en las coplas, como la revolución cantonal de 1873:

En Kai nazió una niña

ke libertá ze yamó,

Kartagena le dio bía,

Málaga la bautizó.

La presencia de la AIT y el movimiento obrero:

Toah lah niñah bonitah

tieneh en zu kaza un letrero

kon letrah d’oro ke dizen

“Por un azoziao muero”.

El republicanismo y el cuestionamiento radical de la institución monárquica:

A mi ke m’importa

k’er rei me kurpe

zi er pueblo eh grande i me abona

Boh der pueblo, boh der zielo

Hay cantes republicanos diversos y referencias al proceso autonómico andaluz durante la II República, como este cante que grabara El Chato de las Ventas (colombianas):

Kataluña pide a gritoh

ke le den l’autonomía,

loh gallegoh ehtán fritoh,

también en Andaluzía

kieren kearze zolitoh.

Y también cantes con una alusión clara a la socialización de los medios de producción. La Reforma Agraria como consigna que resumía esas ansías de una Andalucía mayoritariamente agraria en la que los procesos de industrialización fueron en buena medida abortados:

Aker ke tiene treh biñah

i er pueblo le kitah doh

ke ze konforme kon una

i le de graziah a dioh

Toda una corriente de reivindicación, de impugnación presente en el Flamenco desde su proceso de cristalización como tal es una constante en las coplas flamencas si bien muchísimas veces no ha sido suficientemente manifiesta por la necesidad de adecuar el Cante a las opiniones y deseos del público.

Ahora bien, este carácter impugnador se verá truncado con la llegada del alzamiento militar de 1936. Con la victoria de los “nacionales”, de las clases más reaccionarias y conservadoras del Estado español, entre las que se incluía toda la clase terrateniente andaluza, se inicia un nuevo período en el que se se restringe el Flamendo a una visión folklórica del Flamenco y en ocasiones adepta al Régimen. Una visión folklórica que no es exclusiva del franquismo, sino que arranca ya desde finales del siglo XIX cuando, en el esfuerzo por configurar una cultura nacional española unificada y unificadora, en un momento de crisis coloniales y de frecuentes revueltas liberales, se utilizaron diversos elementos de la identidad andaluza como cimientos sobre los que apuntalar en lo cultural la pretendida construcción nacional del Estado español. Una vez acabada la Guerra Civil, tras la victoria militar de aquellos que propugnaban la tendencia folklorizante, ésta se desarrollará sin limitaciones. El Flamenco será utilizado profusamente por el franquismo como objeto identitario de “lo español” y, claro está, despojado de toda su carga de reivindicación y protesta.

Es el contexto en el que se cría el cantaor Beni de Cádiz que contaba como era llamado para participar en una fiesta flamenca en algún cortijo de señoritos porque “embestía bien” porque hacía bien de toro. La prostitución y la adulteración del Flamenco convertido en una juerga de señoritos como metáfora del papel que le otorgaban a Andalucía en su proyecto español.

Esta utilización por parte del franquismo de ciertos rasgos de la identidad cultural andaluza será una forma de dar “pan y circo” a las clases populares. Una forma de hacer más llevaderas las penalidades que se sufrieron bajo el franquismo. Y un intento de sublimación simbólica de una pretendida Andalucía en compensación de todo lo que, en lo material, político y económico, se le había arrebatado. Pero, tras el final de la dictadura, lo identitario se traducirá en Andalucía en una reivindicación política concreta: autogobierno. En este sentido, los tecnócratas que pilotaron el viaje de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria española tenían calculado conceder una autonomía efectiva a los territorios del País Vasco y Cataluña específicamente, junto a Galicia. Mientras que los demás territorios tendrían acceso a una autonomía atenuada, con mucha menos capacidad de maniobra. Sin embargo, el plan se les vería imposibilitado por la emersión de un nacionalismo andaluz, abiertamente progresista y de clase, que reivindicaría el mismo estatus institucional que aquellas otras naciones del Estado. Los resultados del “nuevo estatus institucional” de Andalucía darían razones para otra charla.
Pero el Flamenco fue de nuevo testigo de estas convulsiones históricas, que se verían plasmadas en las coplas y trabajos discográficos de los cantaores flamencos de la época. Es en este momento cuando aflora de nuevo el carácter contestatario flamenco cercenado por la dictadura franquista. Un florecimiento facilitado, a su vez, por la mayor independencia económica de los artistas flamencos propiciada por la eclosión de los festivales a partir de los años sesenta. Se retoma con ello, pues, la reivindicación sociopolítica en el Flamenco, pero con un nivel de concreción mucho más alto, fruto de la tensa situación social que se vivía:

Loh puebloh ze dehpueblan
i pazo a pazo kaminan,
kubriendo por Europa
loh tayereh i lah minah
de klaze trabahaora.

Aparecen entonces cantaores como José Menese, con sus grabaciones Romance de Juan García o Andalucía: 40 años; Manuel Gerena, con Cantando a la libertad o Mano a mano; Enrique Morente, con Despegando o Se hace camino al andar…, que se van a convertir en nuevos referentes críticos de la cultura andaluza, en contraste con la Andalucía «gitana y española» promocionada por el franquismo.

En esta coyuntura histórica, aparecen también los letristas, algunos de ellos en complicidad duradera con los cantaores (paradigmático es el caso de Moreno Galván y Menese), que hasta entonces no habían estado presentes en el Flamenco, ya que las coplas que un autor inventaba, si tenían éxito, corrían de boca en boca hasta terminar siendo catalogadas con el término de copla popular.

Obras como el “Camelamos naquerar”, de José Heredia Maya, o el “Ay! Jondo”, escrita por Juan de Loxa, son vivo ejemplo de la aparición de los letristas. Unas obras flamencas teatralizadas y coreografiadas ambas por el gran Mario Maya, que fueron estrenadas en Europa y América, que contaban con las voces de varios cantaores y cuyo hilo discursivo era la opresión del pueblo gitano, en el primer caso, y del pueblo trabajador andaluz, en el segundo. En uno de los cantes del “Ay! Jondo” se hacía referencia explícita al asesinato del joven Javier Verdejo en Almería:

Pan i trabaho,

pan i trabaho,

ziempre z’ehkapa er tiro

pa loh de abaho.

Ke mala pata, niña,

ke mala pata,

no leh zaliera er tiro

poh la culata.

Otras circunstancias del momento, como el acoso de la extrema derecha a los movimientos que empujaban por una apertura política del Régimen, también tendrán su hueco en el Flamenco:

Ya no atina

er fahzihmo, ya no atina,

lanza zuh paloh de ziego

kon mu poka puntería.

Y, por supuesto, la cristalización de la identidad nacional andaluza, representada en obras como “Homenaje a Blas Infante” escrito por José Heredia Maya y cantado por Antonio Cuevas El Píki, con cantes como estos tangos, cuya letra tomó prestada José Heredia de un poeta de principios de siglo XX, Miguel de Castro que recogía Blas Infante en su primer libro “Ideal andaluz”:

Ni la kantan loh poetah

ni la miran loh ehtrañoh:

no ehtá en zambra ni ehtá en fiehtah

l’Andaluzía ke kanto.

Hoy, cuando por fin el Flamenco, al contrario de otros marcadores elementales de la identidad andaluza —como es el caso de la modalidad lingüística andaluza, secularmente considerada propia de gentes «poco instruidas» y, por lo tanto, desvalorizada—, goza de un prestigio y una consideración en cierto modo generalizados (hasta ser declarado Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO), se ve asimismo clasificado como música étnica (totalmente descontextualizado del pueblo del que nace o asimilado a la música folklórica española). Este reconocimiento «a medias» del Flamenco no es, pues, casual, sino que se presenta como un producto necesario y coherente con la situación global que sufre el pueblo andaluz. Es el fruto del intento histórico de las clases dominantes por constituir el Estado español como un Estado nacional desde finales del siglo XVIII, en contraste con la realidad pluricultural y plurinacional del mismo. En este proceso, el Cante, moldeado a capricho del poder hasta el esperpento, aparece como una pieza fundamental en su afán por construir una «cultura genéricamente española».
A pesar de que la estructura social andaluza actual presenta evidentes diferencias con la que amparó el proceso de cristalización del Flamenco, se siguen manteniendo esencialmente formas de desigualdad que siguen definiendo a Andalucía como dependiente y a las clases populares andaluzas como subordinadas. El modelo de desarrollo impuesto por las políticas estatales al territorio andaluz sigue siendo fuente de desigualdades como lo fue antaño, si bien no se alcanza el grado de polarización social en la conciencia del pueblo que produjeron dichas desigualdades en el siglo XIX y buena parte del XX.

Al igual que en otros momentos no muy lejanos, en los que se constituyó como la principal vía de impugnación colectiva del pueblo andaluz, pensamos y deseo que el Flamenco puede cumplir una vez más esa función, alejándose otra vez de las salas de recreo de las clases pudientes. Y tenemos que empezar por recuperar y revitalizar esta tradición crítica en el Flamenco para representar las aspiraciones y deseos de todo un pueblo, para continuar avanzando en el camino del autorreconocimiento como sujeto colectivo del pueblo andaluz y de la conquista de los derechos que como tal le corresponden.

1ª Charla-debate sobre el “525 aniversario”

Relación entre los hechos históricos que se conmemoran y el nacimiento del sistema capitalista.

emblema-1El CAP J. Félix Rivera comienza un ciclo sobre el 525 aniversario de lo que se conoce como “descubrimiento” de América, en paralelo a los actos que con tal fin organizan las Instituciones del Estado en la provincia de Huelva.

Organizaremos charlas-debate, proyectaremos documentales y películas y contaremos con la participación de militantes de las luchas de liberación de América Latina y Andalucía.

La primera charla debate la organizamos para el día 8 de febrero, a las 19,00 horas en los locales sindicales de la calle Cardenal Cisneros, (junto al Ayuntamiento) y trataremos sobre la relación entre la conquista del reino de Granada, el descubrimiento y el nacimiento del sistema capitalista que estará a cargo de Miguel Cano.

525 aniversario del “descubrimiento”, ¡NADA QUE CELEBRAR!

Durante 2017 la Diputación de Huelva celebrará el “525 aniversario del encuentro entre dos mundos: Huelva-América” con diferentes actividades deportivas, culturales y empresariales. Cuentan con el respaldo de la Junta de Andalucía y del gobierno del Estado.
Ante esta propuesta, los Centros Andaluces del Pueblo de Almería, Granada y Huelva recordamos que además de dicho aniversario, también se cumplen 525 años de la conquista del reino de Granada y del inicio de lo que será el sistema capitalista. Por todo esto manifestamos lo siguiente:
  • 525 desde la conquista del reino de Granada.
Una conquista que consolidó a la monarquía con más poder de toda Europa frente a la avaricia de la alta nobleza castellana. Isabel I y Fernando V contentaron a la nobleza con grandes señoríos y mano de obra esclava de los andaluces que habían sido libres antes de la Toma, consolidando la base territorial sobre la que se asentará el primer Estado-nación hegemónico de un nuevo mundo económico que empieza a surgir a la sombra del derrumbe de las estructuras feudales de la Europa cristiana: el capitalista.
  • 525 años tras una primera acumulación originaria de capital después de la conquista en el siglo XIII de los reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla.
Acumulación de capital proveniente del control de las actividades comerciales en las costas africanas e islas atlánticas desde Sevilla, que se iba configurando como primer centro hegemónico de ese nuevo mundo del capitalismo histórico, desde donde se apropiarán de las rutas comerciales de oro, esclavxs, caña de azúcar… anteriormente administradas por los reinos andaluces.
  • 525 años del descubrimiento de las rutas atlánticas.
Unas rutas que permitirán el nacimiento del mayor imperio habido jamás en la historia de la humanidad, con el que acapararán cantidades grotescas de metales preciosos manchados con sangre indígena y que permitirá la ruina de las antiguas rutas comerciales con oriente en manos musulmanas y mediterráneas y el enriquecimiento de la alta nobleza cristiana y atlántica.
  • 525 años destrucción de culturas y conocimientos milenarios.
Las quemas de libros en Granada y en Méjico, de la mano de los franciscanos Cardenal Cisneros y de su amigo el obispo de Yucatán Diego Landa, son actos atroces comparables con los que en nuestros días cometen lxs fundamentalistas financiados y entrenados por occidente, cuando destruyen lo que nos legaron las antiguas civilizaciones mediterráneas que dieron origen a nuestra civilización.
525 años pues de conquista y expolio de naciones, de represión de identidades milenarias, del inicio del colonialismo que permitirá al nuevo sistema que nace tras la conquista cristiana de Granada, expandirse a todo el planeta y estar listo para instalarse fuera del mismo. 525 años de vigencia de un sistema sanguinario, surgido de la violencia, expandido con la violencia, mantenido con la violencia y que con violencia se resiste a desaparecer, aunque para ello tenga que eliminar a la población “sobrante” mediante el hambre y las bombas.
525 años después, las victimas del sistema, lxs explotadxs, lxs oprimidxs, las minorías, lxs excluidxs del sistema… no tenemos nada que celebrar. Estamos soñando y preparando nuestra liberación de las cadenas del capitalismo. En la lucha nos vemos.
Viva Andalucía libre por sí, por los pueblos y la humanidad.
Centro Andaluz del Pueblo “Javier Verdejo” de Almería.
Centro Andaluz del Pueblo “Blas Infante” de Granada.
Centro Andaluz del Pueblo “J. Félix Rivera” de Huelva.

La identidad andaluza en el Flamenco

La Globalización de las decisiones económicas y políticas implica uniformidad. Una uniformidad que se consolida en lo cultural, fagotizando las peculiaridades de los pueblos que llevan en sus adentros desde milenios para vestirnos a todos por igual, para hacernos hablar el mismo idioma, comer la misma comida, vivr en ciudades parecidas…

cartel-identidad-andaluza

La reivindicación de lo propio es una de las mejoras herramientas contra esa Globalización que nos empobrece y que amenaza hasta la misma viabilidad de la vida humana en el planeta.

J. Carlos Rios Martín nos presenta su magnífico trabajo de síntesis sobre el origen andaluz y las aportaciones culturales que cobran vida en cada una de las manifestaciones del arte Flamenco.

En palabras del maestro Manuel Gerena, en referencia a este trabajo,  “…que la identidad andaluza en el flamenco … ha de prevalecer en el corazón y la conciencia de los andaluces, de los hombre y mujeres que aman el flamenco en libertad“.

Desde el Centro Andaluz del Pueblo organizamos para este viernes 16 de diciembre la presentación del libro La identidad andaluza en el Flamenco, de la mano de su autor, nuestro compañero de lucha, el granaino Carlos Rios, a las 19,30 en nuestros locales. Para todos y todas los que amamos… la libertad.

¿Qué hay de la clase obrera?

Hemos organizado una nueva charla debate para el próximo día 16 de noviembre, a las 19,00 horas.

¿Qué hay de la clase obrera? Es el título que nos propone el compañero Rafael Parreño, maestro jubilado valverdeño, para que reflexionemos acerca de la situación de nuestra clase.

Rebajas salariales, en derechos, despidos, desahucios, un futuro cada vez más incierto para nuestros hijos e hijas, el ascenso imparable de la extrema derecha… y aún no hemos podido dar una respuesta que pueda compartir la lucha con quienes se plantean una alternativa a este presente y al futuro que nos preparan.

No faltes, miércoles 16, a las 19,00 horas, en los locales del Sindicato Unitario.